...solo un pequeño extracto de Don Miguel...
El colegio al que me llevaron no bien habÃa dejado las sayas era uno de los más famosos de la villa .Era colegio y no escuela, porque las escuelas eran las de balde, las de la villa, a donde concurrÃan los chicos de la calle…………… Fue mi primer maestro, mi maestro de primeras letras, un viejecillo cubierto con gorrilla de borla que le colgaba a un lado de la cabeza, narigudo y armado con una larga caña que le valió el sobrenombre de el Pavero. Los pavos éramos nosotros, naturalmente; ¡y tan pavos!...
El colegio estaba en un antiguo caserón, hoy derruido para edificar una nueva casa sobre su solar. Era el tal colegio una gran buhardilla, con salida a los tejados y una ancha estancia atravesada por una chimenea.
AprendÃamos allà muchas cosas, pero muchas...Entre ellas urbanidad. Al entrar, lo primero era detenerse en la puerta y soltar el saludo:«Buenos dÃas tenga usted, ¿cómo está usted?», y allÃ, quieto, hasta recibir en cambio el «Bien, ¿ y usted?», a lo cual se decÃa: «¡Bien, para servir a usted!, y se podÃa ya pasar.
Cuando concluÃa la clase se ahogaba el orden impuesto. Gritábamos hasta desgañitarnos, tomábamos por asalto al pobre viejecillo, desarmado ya de su caña...
Él me enseñó los puntos cardinales y a orientarme por el mundo, cuando nos preguntaba:«¿Por dónde sale el sol?», y nosotros, «¡Por allá!»... Él me enseñó las primeras lágrimas del arte; bajo su mano rompió mi mano a trazar aquellos palotes de que vienen estas letras; en aquel colegio me abrà a la vida social.
UNAMUNO Recuerdos de Niñez y Mocedad
PILART

