Como últimamente hablamos de caminos yo quiero dedicar mi post a todas esas personas que -conscientemente o no- nos ayudan dÃa tras dÃa a que la meta de nuestro recorrido mejore.
Una alegorÃa perfecta de esto es el personaje de Bice de' Portinari, transformada en la obra dantesca en la archiconocida Beatrice (dadora de beatitud).
La historia del origen de Beatriz como sÃmbolo se recoge en la obra juvenil de Dante: La Vita Nuova. En el capÃtulo III Dante cuenta que el primer encuentro con Beatriz tuvo lugar cuando el poeta contaba con tan solo nueve años de edad y que -aunque no se volvieron a ver pasados otros nueve años- él siempre supo que aquel momento habÃa sido especial. En el siguiente encuentro la dama saluda al poeta, y esto le conmueve tanto que al llegar a su casa tiene una ensoñación en la que el dios Amor le da a Beatriz desnuda el corazón de Dante para que se lo coma.
Desde ese momento el poeta no es capaz de dejar de pensar en la dama ni un momento, de tal forma que para proteger la dignidad de ésta finge estar enamorado de otra joven florentina, pero pronto empiezan las habladurÃas en la ciudad y Beatriz le retira el saludo a Dante, lo cual afecta tanto al poeta que cae gravemente enfermo. Durante un delirio ve a Beatriz que sube al cielo en forma de "nubecilla blanquÃsima" y entiende que la joven ha muerto, pero Beatriz es tan excepcional que el poeta decide no volver a escribir más de ella hasta que no tenga una forma verdaderamente digna de hacerlo: esto ocurrirá en la Divina Comedia.
Desgraciadamente los poetas de la talla de Dante escasean, pero afortunadamente hay muchas beatrices entre nosotros a las que -a pesar de que no les compongamos obras de arte- tenemos presentes a diario, aunque nuestro tributo consista en simples sonrisas, miradas o pensamientos en lugar de versos.
Besos,
Fran.


