
A menudo me pregunto dónde yacen ocultos los lÃmites de reconocimiento entre el hombre y el animal cuyo corazón no entiende ningún lenguaje hablado.
A través de qué primer paraiso en una remota mañana de la creación corrió el sencillo camino por el que sus corazones se visitaron uno a otro.
Qué huellas de su constante paso no han sido borradas aunque su parentesco se olvidara hace mucho.
Y de pronto, en una armonÃa sin palabras, el confuso recuerdo despierta y el animal mira a la cara del hombre con tierna confianza, y el hombre baja la vista hacia sus ojos con afecto divertido,
Parece que los dos amigos se encuentran enmascarados, y vagamente se reconocen uno a otro a través del disfraz.
Tambien es de Tagore, que me encanta por su delicadeza de sentimientos y el tratamiento que da a verdades tan sencillas.
Cuando he visto la imagen en el post de Loles, me he acordado del sentimiento que a veces nos regalan los animales, sin lugar a dudas auténticos, yo le escribo hoy mi post a nuestros animales, como mi gata, a la que a veces re-conozco de igual a igual. Esa mirada de tierna confianza ya me la dedicó y se lo agradezco.
Blanca

